CAPÍTULO 2: NUNCA
TE OLVIDARÉ
Yo,
una niña tímida, con talento para el arte, pero sin una gota del sentido de la
moda y sin conocimiento alguno de lo que era la ciudad y sus demonios, vivía en
un pueblo de verdes paisajes y mujeres de relicarios y bocas grandes, ésta
Verona colombiana con sus típicas calles de herradura y casonas floreadas fue
el escenario perfecto para más de una historia de amor, sexo y aventura.
Siendo
tan solo una niña y estando en la escuela, sentía atracción por aquel chico de
ojos marrones y rosada piel y conforme pasaban los años era el mismo niño el
que despertaba en mi todo este tipo de sentimiento. Felipe, quien compartió
conmigo casi toda la primaria nunca notó mi existencia, pero yo vivía
suspirando por él, al punto de que cuando lo veía en la calle mis piernas no me
respondían quedando inmóvil teniéndome que sostener del brazo de alguna de mis
hermanas, las “Mercurio” de esta historia.
Este
niño quien sería mi Romeo platónico por muchos años era mi inspiración para mis
mejores dibujos, escritos y jueguitos de amor que se inventaban en la época, yo
soñaba despierta imaginando mi primer beso, un abrazo, un noviazgo, pero quizá
ninguna de estas cosas pasaría con él porque yo era invisible a sus ojos,
además Sofía la hija de la maestra estaba fijada en él, ¿quién competía contra
ella?, piel y ojos claros, bien vestida y bien peinada, todo lo suyo era la
última moda. Felipe la molestaba, le halaba el pelo, se reía con ella, los dos
eran personas “populares”.
Pero
como la vida es muy diferente a lo que nosotros imaginamos, un día preparando
todo para la despedida de primaria, Felipe y yo nos quedamos solos en el salón
de clases y pasó algo inesperado por lo que ese primer amor toma importancia en
esta historia.
Él
estaba sentado en una esquina del salón escribiendo algo en un cuaderno y yo me
encontraba de pie frente a mi maleta buscando algo que ni sabía que era pues
los nervios me mataban, cuando de repente escuché su suave voz cantando algo
muy sonado en ese tiempo:
“…Pueden pasar tres mil años…”
Como
por arte de magia mis labios se abrieron y de repente:
“…puedes besar otros labios…”
--
“Pero nunca te olvidaré…” Continuó él.
Las
mariposas de mi barriga al parecer se infartaron de tan grande emoción y yo
solo quedé fría y muda y me dispuse a salir huyendo de allí, no sé qué pasó por
mi cabeza en ese momento, pero no quise estar más ahí, cuando llegaba a la
puerta el me detuvo y me entregó la hoja del cuaderno en la que escribía, la
tomé en mis manos, y leí aquella pregunta:
¿Quieres ser mi novia?
Mi
reacción fue la menos esperada, yo estaba en shok y a esa pregunta tan anhelada
mi respuesta fue un rotundo NO. Tome el papel lo metí en el bolsillo de la
jardinera y salí de ahí prácticamente empujándolo para abrirme paso, mis manos
templaban congeladas y sentía un vacío enorme en el estómago, pero sin lugar a
dudas fue la mejor respuesta, no estaba preparada para eso y seguro en casa mi
padre me reprendería si se enterara de que tenía novio a mis 9 años.
Sin
embargo, ese momento fue único, lo guardé solo para mí, al igual que aquel
papel con corazones pintados y mi primera declaración de amor.
Por
Felipe descubrí que el amor no siempre llega de la manera que soñamos, yo me
sentía un cero a la izquierda y resultó que no era así, nunca sabré que tanto
pensaba o sentía él o desde que momento pasó ya que nunca lo demostró y jamás
le pregunté. Pero algo si me quedó claro, yo no era la niña fea que pensaba y
con todo lo que yo era y siendo yo misma podía conseguir lo que me propusiera,
desde entonces mis sueños fueron algo más grandes.
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